Plagio, denuncia, pronunciamiento y expulsión. México

Al final del mes de junio de 2015, Guillermo Sheridan acusó al docente Juan Antonio Pascual Gay, de El Colegio San Luis-COLSAN-, México, por el presunto plagio en el artículo “José Juan Tablada: del barandal al cajón, del cajón al barandal” (revista Arrabal, Pascual, 2000), donde copió el artículo “José Juan Tablada en su Diario” (Vuelta, Sheridan, 1993). Un mes después, se conoció que el Consejo Superior de COLSAN puso fin al vínculo laboral con Juan Antonio Pascual Gay, al comprobar la comisión de plagio académico.

En abril de 2015, el portal PlagioSOS denunció de manera pública plagio burdo y masivo en el artículo “Identidades étnicas, identidades sociales: la etnicidad de cara al siglo XXI” (Núñez, 2006). En el mes de julio se conoció la denuncia de otros plagios cometidos por el docente chileno Rodrigo Christian Núñez Arancibia, al servicio de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-UMSNH-. A mediados del mes de julio se conoció que El Colegio de México-COLMEX- retiró el título doctoral a Rodrigo Christian Núñez Arancibia y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-UMSNH- desvinculó de su institución al plagario detectado.

En uno y otro caso, blogeros y articulistas de México se pronunciaron y rechazaron la práctica del plagio académico, cometidos, de manera serial por los ahora ex docentes  Rodrigo Christian Núñez Arancibia y Juan Antonio Pascual Gay.

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A inicios de julio de 2015, en relación con estos dos casos, se pronunciaron docentes e investigadores de México, de varias instituciones de educación superior, quienes plantearon que “pasar por alto cualquier caso de plagio contribuye a generar un ambiente permisivo y poco riguroso, del que esta práctica se nutre y que a su vez fomenta.” A su vez, señalaron la necesidad de remediar los vacíos jurídicos en México que permitan el castigo judicial ejemplar para este tipo de práctica antiética, aspecto que reclaman subsanar a las instituciones universitarias, a quienes reclamaron “rigor con que las instituciones académicas mexicanas de educación superior deben realizar las labores de titulación, contratación, evaluación, permanencia y promoción.”

Al final de julio de 2015, 22 investigadores y docentes de universidades mexicanas, en carta abierta a la institucionalidad universitaria de México se pronunciaron contra la práctica del plagio y las publicaciones fraudulentas, y realizaron una serie de propuestas de ajustes a la institucionalidad que permitan la detección del plagio (disposición en línea de publicaciones, tesis, hojas de vida, etc.) y la reglamentación que permitan la sanción efectiva de los plagiarios detectados; por ello proponen un “Acuerdo Nacional para el establecimiento de una política de tolerancia cero frente al plagio académico.”

Se encuentran en cuestión la calidad docente universitaria (selección y permanencia), las redes familiares y de compadrazgo docente, los estímulos académicos por publicaciones, el frenesí de éxito marcado por exhibir publicaciones, los sistemas de detección de plagio docente, el sistema editorial y de evaluación de pares académicos y, por supuesto, las publicaciones universitarias.

En “Confesiones de un plagiador” (Tania Opazo y Noelia Zunino, La Tercera, 01-08-2015), ante la pregunta de ¿Cómo pasaron 11 años sin que nadie se diera cuenta?, Rodrigo Núñez manifestó “Yo creo que faltan mecanismos de prevención al plagio académico. Es mucho más común de lo que se cree”. Lo cual devela no sólo la fragilidad del sistema de detección y sanción, sino que pone de presente la muy probable abundancia de publicaciones fraudulentas en las universidades de América Latina. Un indicio de ello, lo constituyen los trece Estudios de caso presentados de manera detallada entre 2010 y 2015 en el portal PlagioSOS, once de ellos en universidades de América Latina, ocho en Colombia y tres en México.

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