Una reflexión sobre el plagio y el aprendizaje

1  Martha Fajardo Valbuena. Profesora adscrita al Centro de Humanidades de la Universidad de Ibagué. Miembro del grupo de investigación Edafco, Educación afecto y cognición, del programa de Psicología de la Universidad de Ibagué.

Publicado por La Cuartilla. Universidad de Ibagué.

Universidad de Ibagué, CEDIP. Nº 74. Octubre de 2008 – 300 ejemplares

Para el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la palabra plagiar corresponde a dos entradas: la primera de ellas se refiere a la acción de copiar obras ajenas y la segunda, a secuestrar. Para efectos de esta reflexión, entendemos plagio como la acción realizada por un alguien que, al presentar un trabajo escrito, copia textualmente ideas de un autor sin dar crédito al mismo ni usar comillas o técnicas de citación y referenciación.

El plagio escolar representa una problemática sobre la que los docentes debemos reflexionar para tomar medidas formativas que logren que el estudiante prescinda de esta práctica que es nociva para su desarrollo intelectual. Desde el punto de vista pedagógico, la reacción del docente frente al plagio debe estar acorde a acciones que intenten formar al sujeto para que se desarrolle como un individuo en pleno uso de su autonomía de pensamiento. Permitir el plagio es, tácitamente, aceptar que el estudiante no tiene la capacidad mental para pensar por sí mismo; es negarle, en términos de Kant, (1784) la posibilidad de llegar a ser mayor de edad, de valerse por sí mismo del conocimiento para resolver problemas o crear ideas.

Hoy en día es común que los estudiantes, al presentar sus trabajos, investiguen ya no en la biblioteca como lo hacíamos en tiempos pasados sino en la Internet. Estas consultas facilitan el hecho de cortar y pegar, es decir, la tecnología digital permite tomar las palabras de un artículo y transponerlas en otro con sólo un clic. Si el estudiante no ha sido educado para entender que este camino, aunque más fácil, resulta menos rico en aprendizaje, seguramente optará por tomar las palabras sin dar crédito al autor. ¿Pero qué es lo que sucede cuando un estudiante corta y pega sin reconocer las fuentes? Son varias cosas. Veamos algunas:

En primer lugar, el estudiante no desarrolla su capacidad escritora ni su competencia para manejar información. Uno de los objetivos de la educación es lograr que el educando se exprese por escrito con habilidad y que desarrolle capacidad para textualizar sus ideas en diferentes formatos (carta, ensayo, artículo, reseña). Es común que los profesores de cualquier área recurran a la escritura para evaluar el desempeño de sus estudiantes, ya que ésta permite consolidar aprendizajes y organizar información; además, propicia la reflexión, permite escoger puntos de vista y representa, de modo organizado, los mapas mentales del estudiante sobre un tema determinado. Si un estudiante copia la información de modo textual y sin usar comillas o parafrasear entonces no está llevando a cabo estos procesos y, por tanto, no logra un desarrollo conceptual adecuado. Además, es obvio que un escritor requiere de fuentes para poder escribir un texto pero esas fuentes deben ser citadas pues, de no desarrollar la competencia de manejo de la información, los estudiantes no podrán construir textos organizados, respetuosos y rigurosos y, sobre todo, racionales.

En segundo lugar se puede decir que cuando un estudiante hace plagio, está demostrando incapacidad para entender que el conocimiento científico se basa precisamente en el rigor de las fuentes y de la citación de las mismas. Esto puede afectar la relación del educando con la ciencia porque reconocer los autores es, en cierto modo, comprender el desarrollo de las ideas y de los enfoques teóricos. Es un asunto ético que entiende el conocimiento como propiedad intelectual y a los autores como sujetos que producen y organizan las ideas y merecen reconocimiento. Utilizar las convenciones para citación de autores inscribe la mente del estudiante dentro del paradigma de la ciencia como producto del devenir histórico del pensamiento; le enseña a comprender que existen teorías, autores, posturas y tendencias.

Por lo general, los estudiantes plagian por desconfianza en sus propias capacidades para presentar ideas complejas o científicas o porque copiar textualmente requiere de un menor esfuerzo. Si los profesores no invitan al estudiante a corregir esta práctica entonces no están formando a un sujeto protagonista de su aprendizaje. El conocimiento es un bien común que no debe observarse desde afuera o como un privilegio de iniciados. En este sentido, el estudiante debe transitar por él con dificultad, pero con autonomía y a su propio ritmo.

Cuando un estudiante escribe un texto para una clase, está elaborando un ejercicio de aprendizaje en el que se compenetra con una idea y la presenta de modo tal que la comprenda. Si entendemos el término comprensión como la capacidad de explicar el origen, la conformación y las relaciones de una idea con su entorno, con las ideologías y las tendencias de pensamiento, entonces será necesario que el estudiante salga de su mundo interior y se adentre en la producción intelectual existente sobre dicha idea. Ese salir implica que el estudiante se convierta en un explorador que mediante su escrito dará cuenta de procesos, transformaciones, diversificaciones, contradicciones, errores, tomas de partido. En otras palabras, la escritura en el medio académico es una herramienta de aprendizaje y por eso debe ser propia; no puede ser plagiada ya que si el estudiante copia las palabras de otros está evitando cumplir con el trabajo de pensar por sí mismo. Un profesor que acepta un plagio y un estudiante que lo realiza tienen los dos algo en común: el interés por los resultados sin importar el cumplimiento del proceso.

¿Qué opción queda para evitar que el estudiante realice el plagio y escoja el camino de no aprender? Ante todo, es necesario enseñar a nuestros estudiantes a leer y a comprender lo que leen. En nuestro país, en este momento, hay un grave problema de comprensión lectora. El trabajo realizado por la educación secundaria decayó en las últimas décadas y no fortaleció este aspecto. Es imperativo que retomemos la enseñanza de la lectura académica y que acompañemos a los estudiantes en la sistematización de su ejercicio lector.

De otro lado, los profesores de lengua castellana pueden trabajar en clase la práctica de la paráfrasis; enseñar a los estudiantes a elaborar citas directas, indirectas y paráfrasis y a sistematizar sus escritos bajo las convenciones de las normas nacionales (Icontec) o de las internacionales. La paráfrasis es un excelente recurso que además implica beneficios para la comprensión lectora y es un método de estudio eficaz.

Otro aspecto que es necesario revisar es el de la enseñanza de la escritura como proyecto y proceso. Es común asignar escritos al estudiante con muy poco tiempo de ejecución y sin la tutoría o acompañamiento necesarios. Si el estudiante no tiene tiempo para diseñar y ejecutar su composición es probable que recurra a copiar de otros escritos y si el trabajo de escritura no es supervisado por el profesor para que el estudiante vea sus fallas y las corrija antes del proceso de calificación pues puede pasar que no haya real comprensión de lo que es y significa un plagio.

Bibliografía

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Bennecke Patricia. El plagio: que es y cómo se evita http://www.eduteka.org/PlagioIndiana.php3. 8/99, Última Actualización 12/21/01.tomado en agosto de 2008

kant. Enmanuel (1784) Respuesta a la pregunta qué es la ilustración. http://kant.pais-global.com.ar/ .Tomado en agosto de 2008. Plagio e internet: Recomendaciones para los docentes. http://www.eduteka.org/PlagioLelio.php3. Documento producido por la Dirección Académica de la Universidad Icesi, Cali, Colombia. Tomado en agosto de 2008

Kalmanovitz Salomón. El plagio http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/salomon-kalmanovitz/columna-el-plagio. 4 Abr 2008

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